
Paloma de la Paz
Rafael Alberti
su faceta más desconocida, la ilustración, refleja el compromiso militante del poeta



15 de abril de 2012
REPÚBLICA
IU de Zamora por la III República. "Frente a los mercados, más derechos, más democracia: Tercera República
Este 14 de abril se conmemoran 81 años de la proclamación de la II República española, la experiencia más genuinamente democrática de nuestra historia. En el espacio de apenas cinco años y pese a la sistemática resistencia del poder económico, militar y eclesiástico, la "república de trabajadores de toda clase" inició la reforma agraria, instauró el estado laico, generalizó la jornada laboral de 8 horas, reguló el derecho de huelga, potenció los convenios colectivos, impulsó la educación, la ciencia, el arte y la cultura, reconoció el derecho de voto a la mujer, legalizó el divorcio y aplicó una política exterior de defensa de la paz y la democracia. Por su orientación y realizaciones, la II República significó para amplios sectores sociales más derechos y más democracia.
Sin embargo, ese proyecto de país apenas esbozado fue truncado por el golpe militar-fascista de 1936. Los cuarenta años de dictadura que le siguieron desmantelaron esa obra y blindaron en el poder a una coalición de militares, banqueros y miembros de la jerarquía eclesiástica.
Los demócratas españoles, todos los que creemos en una democracia digna de su nombre, en la que se reconozca realmente los derechos de las personas: el derecho a un trabajo y a una vivienda digna, el derecho a una pensión suficiente, a unos servicios públicos gratuitos y de calidad como el derecho a la salud, a la educación, a las prestaciones sociales necesarias para no caer en la exclusión social, el derecho a la justicia, a la igualdad o a ejercer las libertades fundamentales que hoy están en entredicho como el derecho de huelga o de protesta, tenemos una obligación de merecido homenaje a todos aquellos republicanos, mujeres y hombres, que hicieron posible la II República, a los que defendieron la democracia frente al golpe de estado fascista de 1936 y a los que resistieron y siguieron luchando por la democracia durante la larga noche de la dictadura franquista, especialmente a los miles de comunistas que perdieron sus vidas o partes de ellas en los muros de los cementerios, en las cunetas, en los campos de batalla de Europa contra el fascismo, en los campos de exterminio nazi , en los campos de trabajo o en las cárceles franquistas. Hoy seguimos reclamando para ellos justicia, verdad y reparación.
Tras muchos años de dura lucha por la democracia y la libertad, la Transición reforma el viejo edificio donde se cobijaba esa coalición de poder. La amplia mayoría de la sociedad consiguió de nuevo, aunque con muchas limitaciones, derechos, libertades y democracia.
Más de treinta años después, la crisis económica es utilizada para acabar con conquistas duramente conseguidas haciendo, a su vez, que el marco político entre también en crisis, supeditando la soberanía nacional al poder de la Unión Europea, dominada por Alemania y del FMI
El poder de la oligarquía, el poder de las grandes empresas y del capital financiero especulativo, determina al poder político, le dicta la política a seguir, desmantela los avances políticos y sociales y limita la democracia. El sistema político bipartidista, con la ley electoral como punta de lanza, constriñe y falsea la participación y la voluntad popular. La reciente reforma constitucional consagra el sometimiento del bienestar social a los intereses de los especuladores y los banqueros.
Sin embargo, la contestación crece. La memoria, pese a quien pese, no se ha perdido. Sabemos que sólo a través de la lucha y la movilización podemos conseguir los derechos que nos están quitando. Sabemos que sólo juntándonos podremos darle la vuelta a esta situación. Porque somos más.
Frente a un modelo de país basado en la especulación y el ladrillo, sometido al poder económico oligárquico, donde los principales partidos monárquicos compiten a la hora de satisfacer las necesidades de uno u otro sector económico, es necesario poner en pie un nuevo proyecto de país.
Un nuevo proyecto de país que ponga en el centro de su política y su economía la participación activa y el bienestar social de la mayoría, la democracia participativa y los derechos sociales. Para esto, apostamos por abrir un proceso constituyente.
La apuesta por un proceso constituyente es una llamada a luchar por nuestro futuro, a recuperar la soberanía popular y dar poder a la mayoría social trabajadora como realización de la democracia. Un proceso constituyente entendido como articulación de una amplia mayoría social movilizada en la lucha democrática por sus derechos.